martes, 31 de marzo de 2015

LA RELACIÓN ENTRE LOS FACTORES DE RIESGO DEL CORAZÓN Y EL CANCER

La relación entre los factores de riesgo del corazón y el cáncer



por Alejandro Chitrangulo

Según un reciente estudio encargado por el Fondo Mundial para la World Cancer Fund Research y llevado a cabo por profesionales de la Universidad de Umea, en Suecia Los principales factores de riesgo asociados a la presencia de enfermedades del corazón –como la presión arterial alta y elevados niveles de azúcar y grasas en sangre- también tienen otras consecuencias sobre la salud como el riesgo de cáncer. 
Estos tres factores -que normalmente se asocian con la presencia de diabetes o con enfermedades propias del corazón, y que por lo general están conectados a estilos de vida poco saludables- también aumentan el riesgo de padecer varios tipos de cáncer.

 Este estudio que se considera el más grande de su tipo y fue publicado en la revista científica Journal of Epidemiology.  Los profesionales trabajaron analizando los antecedentes de salud de alrededor de 565.000 europeos de mediana edad.
 Lo que se encontró es que una combinación de síntomas tales como presión arterial alta, azúcar y grasas en sangre, elevado índice de masa corporal y altas cifras de colesterol, 
aumenta en particular el riesgo de sufrir cáncer de hígado y riñón entre los hombres y de útero y de de páncreas en mujeres.
Los detalles del estudio
Para completar esta investigación, los investigadores crearon una puntuación de riesgo metabólico hecha en base a cinco componentes: índice de masa corporal, presión arterial y los niveles plasmáticos de glucosa, colesterol y triglicéridos. Y lo que comprobaron es que, básicamente, a mayor nivel de puntuación de riesgo, más elevada era la posibilidad de desarrollar algún tipo de cáncer.
 Entre los varones con mayor puntaje, el aumento del riesgo llegaba a estos índices: 43 % de cáncer de hígado o riñón, un 29 % mayor riesgo de cáncer de colon, y un 27 % mayor riesgo de cáncer de esófago.
 Entre las mujeres con alta puntuación se encontró un aumento del riesgo del 56 % de cáncer de útero, el 53 % mayor riesgo de sufrir cáncer de páncreas, un 40 % mayor riesgo de cáncer de riñón, y un 27 % mayor riesgo de cáncer de cuello uterino.
 Todos estos resultados no hacen más que poner en relieve la importancia de que las personas lleven un estilo de vida saludable.  Estos factores pueden ser moderados por medio una dieta saludable, peso saludable y abundante actividad física.
Según el Doctor Tanja Stocks, quien dirigió el estudio: “ este trabajo fue, hasta ahora, el más grande de su tipo y vuelve a demostrar lo importante que es llevar un estilo de vida saludable con el fin de evitar la presión arterial alta y niveles altos de azúcar en la sangre y grasas en la sangre, ya que todos ellos aumentan el riesgo de varios tipos de cáncer”.
 Para otro experto, el doctor Panagiota Mitrou, directivo de la Investigación del Fondo Mundial para la Investigación del Cáncer, “Normalmente vinculamos la presión arterial alta y niveles altos de azúcar y grasas en sangre con enfermedades del corazón o diabetes. Pero este nuevo trabajo muestra que estos factores, que están relacionados con una mala dieta y un estilo de vida sedentario, también pueden aumentar el riesgo sufrir varios tipos de cáncer”.

LAS NUEVAS TÉCNICAS DE ANESTESIA

Las nuevas técnicas de anestesia

por Alejandro Chitrangúlo

Diariamente en todo el mundo miles de personas son intervenidas quirúrgicamente. Para esa operaciones se utilizan diversas anestesias, este método se ha utilizado en los últimos 160 años sin que los médicos y los científicos sepan a claramente cómo funciona.  El doctor Nicholas Schiff, de la Facultad de Medicina Weill Cornell en Nueva York,  en conjunto con los doctores
Emery Brown del Hospital General de Massachusetts y el doctor Ralph Lydic de la University of Michigan,  han llevado a cabo una exploración de tres años sobre las similitudes y diferencias del sueño, la anestesia y el coma. Llegando a la conclusión que “La anestesia general es un coma farmacológico, no un sueño”.

Los expertos indicaron que mientras que los médicos y los pacientes suelen describir la anestesia general como quedarse dormido, hay importantes diferencias entre esos estados, con apenas algunas coincidencias entre las etapas más profundas del sueño y las fases más leves de la anestesia. Mientras que el dormir suele involucrar movimientos durante varias fases, en la anestesia general los pacientes suelen entrar en una fase o estado específico y permanecer así durante la cirugía. Esta fase se asemeja más a un coma, señalaron los expertos. “El cerebro queda muy, muy tranquilo. La actividad de las neuronas
disminuye drásticamente”, dio Schiff para luego agregar que  “eso también sucede en el coma”.

Schiff, experto en recuperación del estado, indicó que aunque dos lesiones cerebrales nunca se parecen, estudiar la forma en que las personas salen de la anestesia podría usarse como modelo para predecir las etapas de recuperación de un coma.
“Pese a que la recuperación de la anestesia es mucho más rápida, hay indicios de que algunos mecanismos de circuitos coinciden en parte”, dijo el científico.
Reinventar la anestesia
Durante cualquier operación con anestesia general, el paciente está controlado en todos los aspectos: se mide su presión arterial, su ritmo cardíaco, su respiración, temperatura... Pero nadie monitoriza el cerebro, que es el órgano que está recibiendo directamente los efectos de la droga.
El neurocientífico del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) Emery Brown quien  lleva varios años trabajando con Schiff  tratando de comprender qué pasa exactamente en el cerebro durante la anestesia, explica que cuando opera como anestesista en el Hospital general de Massachusetts él si monitoriza la señal cerebral de sus pacientes. Mediante electroencefalograma (EEG), Brown y su equipo controlan mediante un programa diseñado por ellos si la anestesia está haciendo efecto y reducen la dosis a lo justo y necesario, sin poner más cantidad de la que hace falta. 
Brown explica que se puede emplear entre un 50 y un 75% menos anestesia para una operación, especialmente en el caso de personas mayores. “Nunca me atrevería a hacerlo sin monitorización porque la cantidad de droga que necesitan es tan pequeña que temería que el paciente despertara”, asegura. “Pero con el EEG, puedo estar seguro de que la cantidad es apropiada”.
Las lecturas del electroencefalograma (EEG) durante una anestesia general muestran ondas de baja frecuencia de alrededor de un ciclo por segundo, mientras que las neuronas individuales se activaban y desactivaban rítmicamente durante unos milisegundos creando una oscilación. La clave de la pérdida de conciencia está precisamente en esta oscilación rítmica que induce la anestesia. Cuando una persona pierde la conciencia, sus neuronas se ponen todas a hacer la ola, a bailar conjuntamente con una oscilación rítmica de una frecuencia baja. Es decir, si todas hacen la ola, no hay mente”. “Para estar consciente”, asegura Brown, “el cerebro necesita ser capaz de hacer muchas cosas. Una de ellas es transmitir información entre diversas áreas. Si esta transmisión está bloqueada, porque los circuitos están cerrados u oscilando, entonces no se puede mantener la conciencia”.
Brown reivindica estos nuevos conocimientos, y asegura que debemos reinventar el modo en que se aplica la anestesia y usarla de una manera más moderada con los pacientes en la medida en que las mediciones de la señal cerebral lo permitan. “Estamos dando un paso atrás y decimos: ahora que entendemos cómo funciona, ¿cómo podemos diseñar nuevas estrategias para la anestesia?”, asegura. Un cambio estas características ahorraría muchísimos efectos secundarios a los pacientes, como la confusión tras una cirugía. Y eso sería un gran avance para todos.

domingo, 5 de octubre de 2014

QUE DEVUELVA EL NOBEL DE LA PAZ!


Por Alejandro Chitrángulo

QUE DEVUELVA EL NOBEL DE LA PAZ!


La cumbre climática 2014 organizada por la ONU en Nueva York estaba anunciada como una cumbre histórica, pero, finalmente, arrojó pocos
resultados concretos. Los líderes mundiales acordaron redoblar sus esfuerzos para frenar la "creciente" amenaza del calentamiento global con compromisos de reducción de emisiones, promesas financieras y, sobre todo, muchos mensajes sobre la voluntad de actuar de forma urgente.

Peligro inminente

Según estudios de Global Carbón Project, publicados en la revista Nature Geoscience, las emisiones de dióxido de carbono siguen aumentando. Subieron un 2,3 por ciento en el 2013. Como van las cosas, las temperaturas habrán aumentado al final del siglo XXI en más de cuatro grados. Esto traerá graves daños a la biodiversidad, que no estará capacitada para adaptarse a una transformación climática tan drástica y acelerada.

La ONU quiere limitar el calentamiento global a 2°C respecto a la época preindustrial. Entre los compromisos tangibles que arrojó la cumbre se destacó el adoptado por 32 países y decenas de empresas para reducir a la mitad la pérdida de bosques en el año 2020 –la deforestación es uno de los principales motores de la transformación climática– y detenerla totalmente en el 2030.

En todo el mundo miles de activistas realizaron marchas para forzar un acuerdo, pero la avaricia y el egoísmo hacen que la batalla para llegar a un acuerdo internacional está lejos de terminar. China y la India, que son junto con Estados Unidos los emisores más importantes de gases de efecto invernadero, se resisten a reducir sus emisiones porque no quieren desacelerar su crecimiento, e insisten en que EE.UU pague la mayor parte de la factura. Por su parte la Unión Europea indicó que en siete años dará 3.800 millones de dólares en ayudas a los países más pobres para que actúen y adapten su territorio a las nuevas temperaturas. En total, los compromisos movilizarán más de 200.000 millones de dólares antes del final de 2015, según anunció la ONU. Muy poco comparado con los millones que mueve el negocio del petróleo.

El doble mensaje de Obama

Algunas horas después de miles de personas participaran en la mayor marcha por el clima de la historia, Estados Unidos comenzó a bombardear Siria y así inició otra guerra. El Pentágono afirma que los objetivos eran instalaciones militares del Estado Islámico en Siria e Irak y justifican ampliamente los bombardeos. Pero la verdadera batalla que hay que librar para combatir el cambio climático está lejos de comenzar. El mundo atraviesa dos crisis que están íntimamente ligadas, el calentamiento global y las guerras, existen soluciones a ambos problemas, pero lanzar bombas no debe ser la mejor de ellas.

“En las guerras de hoy, mueren muchos más civiles que soldados; se siembran las semillas de conflictos futuros, las economías se destruyen; las sociedades civiles se parten en pedazos, se acumulan refugiados y los niños quedan marcados de por vida.” 
Este fue parte del discurso pronunciado en diciembre de 2009 por el Premio Nobel de la Paz de ese año, el Presidente Barack Obama. En el mismo discurso, Obama afirmó:
“El mundo debe unirse para hacerle frente al cambio climático. Hay pocos científicos que no estén de acuerdo en que si no hacemos algo, enfrentaremos más sequías, hambruna y desplazamientos masivos que alimentarán más conflictos durante décadas”. “Por este motivo, no son sólo los científicos y activistas los que proponen medidas prontas y enérgicas; también lo hacen los líderes militares de mi país y otros que comprenden que nuestra seguridad común está en juego”.

Asad Rehman de la federación ambientalista Amigos de la Tierra Internacional, dijo: “Si podemos conseguir los billones de dólares que se utilizan para financiar conflictos, ya sea que se trate de una invasión en Irak o Afganistán o ahora para el conflicto en Siria, estoy seguro de que podemos conseguir los fondos necesarios para lograr la transformación que se requiere hacer para brindar energía limpia y renovable a las 1.200 millones de personas que carecen de ella”.

Medea Benjamin, cofundadora de Code Pink, coincide con Rehman. Benjamin Antes de ir a la Casa Blanca a protestar contra el bombardeo en Siria, Medea me dijo: “El petróleo es la base de la política exterior de Estados Unidos en Medio Oriente. Si no fuera por el petróleo de Irak, Estados Unidos nunca hubiera invadido ese país".

Cinco años más tarde, del discurso de Obama recibiendo el Nobel el grupo pacifista PinkCode está exhortando al Presidente Obama a que devuelva el Premio.

LA HUELLA DE CARBONO

Por Alejandro Chitrángulo

LA HUELLA DE CARBONO

Huella de carbono o huella ecológica son términos habitualmente empleados en el contexto medioambiental que se utilizan para denominar las formas de medir la cantidad de gases de efecto invernadero que emitimos a la
atmósfera 
como consecuencia de nuestros hábitos y actividades. La complejidad de estas mediciones hace que no sea fácil comprender qué son, para qué sirven y qué importancia tienen en nuestra vida cotidiana. 

El efecto invernadero

El efecto invernadero se refiere a los casos en que las longitudes de onda corta de la luz visible del Sol, pasa a través de un medio transparente y es absorbida, pero las longitudes de onda más larga de la (radiación infrarroja) de los objetos calentados, son incapaces de pasar por ese medio. La captura de la radiación de longitud de onda larga, conduce a un mayor calentamiento y a una mayor temperatura resultante. Junto con el calentamiento de un automóvil por la luz solar a través del parabrisas, y el ejemplo del mismo nombre del calentamiento del invernadero por la luz solar, pasando a través de ventanas transparentes selladas, el efecto invernadero ha sido ampliamente utilizado, para describir la captura del exceso de calor, por la creciente concentración de dióxido de carbono en la atmósfera. El dióxido de carbono absorbe fuertemente la radiación infrarroja, y no permite que gran parte de ella escape hacia el espacio.

Gases de efecto invernadero

Son gases que se encuentran presentes en la atmósfera terrestre y que dan lugar al fenómeno denominado efecto invernadero. Su concentración atmosférica es baja, pero tienen una importancia fundamental en el aumento de la temperatura del aire próximo al suelo, haciéndola permanecer en un rango de valores aptos para la existencia de vida en el planeta. Los gases de invernadero más importantes son: vapor de agua, dióxido de carbono (CO2) metano (CH4), óxido nitroso (N2O) clorofluorcarbonos (CFC) y ozono (O3).

De todos ellos las concentraciones mas preocupantes son las de dióxido de carbono (CO2). La principal fuente de emisión de CO2 de la atmósfera es la quema de combustibles fósiles y biomasa (gas natural, petróleo, combustibles, leña) utilizados en procesos industriales, transporte, y actividades domiciliarias (cocina y calefacción). Los incendios forestales y de pastizales constituyen también una fuente importante de CO2 atmosférico. La concentración del CO2 atmosférico subió desde 280 ppm en el periodo 1000 - 1750, a 368 ppm en el año 2000, lo que representa un incremento porcentual de 31%. Se estima que la concentración actual es mayor que la ocurrida durante cualquier periodo en los últimos 420.000 años, y es muy probable que también sea el máximo de los últimos 20 millones de años.

La huella de carbono

El último informe de la Global Footprint Network correspondiente al año 2010 -basado en datos de 2007- refleja que la huella ecológica mundial es de 18 mil millones de gHa con una población mundial de 6.700 millones de personas, lo que resulta una huella promedio de 2.7 gHa por persona. Otros parámetros que se tiene en cuenta es la biocapacidad, es decir, la capacidad de un área específica -biológicamente productiva- para generar un abastecimiento regular de recursos renovables y de absorber los desechos resultantes de su consumo. De la comparación de ambos valores para una región determinada se deduce que si la huella ecológica es mayor que la biocapacidad, se genera un "déficit ecológico". Esto determina que tal exceso de consumo es posible a costa de utilizar recursos de otros territorios o en detrimento de las generaciones futuras.

La biocapacidad mundial, por su parte, se calculó en 11.9 mil millones de gHa, lo que resulta en 1.8 gHa por persona. Esto significa que la biocapacidad mundial fue superada en aproximadamente un 50%. El informe de Global Footprint Network refleja que en 2009 la humanidad utilizó el equivalente en recursos de 1.5 tierras para soportar su estilo de vida. Dicho de otro modo, le tomará al planeta un año y medio regenerar lo consumido en 2009. Por eso, de continuar con la tendencia en la demanda actual de recursos naturales se estima que se necesitarían 2 planetas tierras para el año 2030.

Nuestra huella de carbono

La huella de carbono personal la constituye cada producto que adquirimos, un alimento que ingerimos o una actividad que realizamos en función de aspectos como las materias primas que se han utilizado para su fabricación o la energía empleada en su uso.

Según un informe realizado por la Agencia Internacional de la Energía, los mayores generadores de GEI en el mundo son los Chinos le sigue Estados Unidos con 19,10 toneladas de CO2 al año por habitante. En la Argentina la cantidades medidas por el INTI en las 15 principales ciudades con más de 300 mil habitantes es de 0,91 toneladas por persona por año.

A partir de nuestra huella de carbono es posible conocer de dónde vienen los gases nocivos que generamos a la atmósfera. Esto nos permitirá tomar medidas que permitan disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).

Las metodologías de certificación de la huella de carbono, son lideradas por la norma ISO 14064, que determina dos tipos de fuentes que componen la huella.
Por una parte, las fuentes llamadas directas, aquellas que se producen como consecuencia directa de una actividad o consumo determinado.
Por otra, las fuentes indirectas, que son las procedentes del consumo eléctrico o las generadas a partir de la fabricación o extracción de la materia prima de un producto.

Existen numerosas empresas y consultoras encargadas de certificar la huella de carbono y acreditar ese cálculo.
En Internet existen diversas herramientas calculadoras de huella de carbono a partir de datos como nuestro gasto anual de electricidad, el uso de gasolina o de aparatos ele
ctrónicos.

DIA DEL ARBOL

Por Alejandro Chitrángulo

EL DIA VERDE


El pasado 22 de septiembre se festejo el día del árbol. No solo en nuestro país, en varios países del mundo también se celebra. La primera conmemoración se realizó en Suecia, en el año 1840 y en cada país puede variar la fecha de la celebración.
La celebración fue instaurada porque ya en aquella época, en algunos lugares del mundo se empezaba a tomar conciencia de la importancia que tienen los recursos forestales, el cuidado que se debía brindar a los árboles, y los beneficios ambientales que estos nos brindan.
En Argentina el principal impulsor de la actividad forestal fue D. Sarmiento que en un discurso subrayó: "El cultivo de los árboles, conviene a un país pastoril como el nuestro, porque no solo la arboricultura se une perfectamente a la ganadería, sino que debe considerarse un complemento indispensable, ¡Planten árboles!". La prédica de Sarmiento encontró eco treinta años después, cuando el 29 de agosto de 1900, el Consejo Nacional de Educación, en base a la iniciativa del Dr. Estanislao Zeballos, instituyó dicha fecha, en celebración al "Día del Árbol".
La conciencia arborícola en el siglo 21

Hoy a mas de 100 años de la iniciativa de Zeballos, nos encontramos, con gran cantidad de organizaciones ambientalistas pro – árbol, muchísima información ecológica y ambiental en los medios y también se ha convertido en un tema de estudio en la curricular oficial, creando conciencia, a los más jóvenes, desde la escuela primaria.
¿Qué pasa en casa?

Desde hace un tiempo recorriendo nuestra ciudad se puede ver gran cantidad de árboles cortados, arrancados de raíz, brutalmente podados, o directamente mochados, que nunca son repuestos o que si logran sobrevivir a las salvajes mutilaciones quedan tan débiles y enfermos que se convierten en arboles peligrosos.Es posible que a nuestra ciudad le haga falta una ordenanza moderna que regule el cuidado de los arboles públicos. Igualmente las sanciones están previstas por la ley desde hace muchos años y es muy claro que el valor de una multa no le repone a la comunidad los beneficios ecológicos que brinda un árbol que a la naturaleza le llevo muchas desenas de años crear.
Pero más allá de las políticas públicas, leyes y ordenanzas, ¿Qué nos pasa a los ciudadanos de Lanús que no queremos los arboles de las veredas? ¿Son tan molestos?
Calidad ambiental

Lanús es una ciudad densamente poblada, con casi 500 mil vecinos viviendo en 3621 manzanas. El medio ambiente se encuentra cargado de factores contaminantes producto de la actividad económica humana. Hay polución fruto de cientos de fábricas, miles de motores quemando combustible fósil y basurales a cielo abierto. Esto hace que el aire que respiramos no sea el más puro. Hasta ahora la primer barrera de defensa que tenemos contra esa contaminación, son los arboles y un buen régimen de vientos que limpian la atmósfera de nuestra llanura.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda entre 10 y 15 m² de espacio verde por habitante. Los beneficios producidos en una ciudad gracias a una presencia significativa de espacios verdes son innumerables. Además de los beneficios en relación al bienestar físico, como elementos mitigadores de contaminación y sumideros de C02, la existencia de espacios verdes dan estructura a la ciudad, y amortiguan el impacto producido por niveles excesivamente altos de densidad y edificación, de ahí su gran importancia como elementos clave en la prevención de riesgos naturales y mitigación de los efectos producidos por el cambio climático.
Lanús tiene en su superficie total 48 km² o 48 millones de m², unos 100 m² por habitante (10 x 10 m para cada uno) si a esta ecuación le restamos toda la superficie construida, mas el cemento de calles y veredas seguramente nos encontraremos muy ajustados para cumplir con las recomendaciones. La falta de lugares libres para construir espacios verdes de esparcimiento es muy difícil de resolver, pero lo bueno es que la falta de áreas verdes en alguna manera se puede suplir con árboles en las veredas.El arbolado es parte fundamental de la sustentabilidad ambiental de nuestra ciudad y como tal debe ser cuidado y respetado por sus múltiples beneficios. 

Los arboles de nuestra ciudad reducen la velocidad del viento en un 50%, diluyen la polución sonora, ya que el follaje detiene en buena medida las ondas sonoras (reducen 15 decibeles el sonido, por cada 10m que se interne en los parques). Un árbol grande pueden consumir hasta 2,350 kgs de bióxido de carbono en una hora. Un árbol adulto puede producir 1.7 kgs de oxígeno molecular en una hora. Se ha establecido que un árbol adulto de tamaño promedio es capaz de filtrar en once horas el monóxido de carbono emitido por un auto en una hora. En verano nos proveen de un sitio fresco, bajo un árbol, se produce una disminución de temperatura ambiental por las mañanas de hasta de 2°C, y por las tardes hasta de 5°C. Esto se produce a través de la transpiración de las hojas, a mayor temperatura, evaporan mayor volumen de agua.
Las copas de los árboles son flexible y están diseñadas para atrapar el agua de lluvia, haciendo que descienda lentamente y de esa manera lograr penetre bajo la superficie de forma regulada, haciendo que disminuyan los cursos de agua superficiales (napas) evitando las inundaciones y la erosión del suelo. Pinos y Eucaliptos adultos, con sus raíces profundas, absorben mucha agua de las napas profundas pudiendo llegar a unos 300 litros diarios.
Mejoran la Calidad de Vida
Aparte de todos los beneficios mencionados, los árboles de la ciudad también aportan al equilibrio psico-social del hombre urbano ya que los tonos verdes de las hojas producen tranquilidad a las personas. La mayoría de nosotros respondemos a la presencia de árboles no sólo admirando su belleza. En una arboleda nos sentimos serenos, sosegados, descansados y tranquilos; nos sentimos como en casa. Los pacientes en hospitales han mostrado recuperarse más rápidamente de cirugías cuando desde sus habitaciones se ven árboles.

El problema de las raíces y las veredas

Las raíces de los árboles a las que les echamos la culpa de las veredas y calles deterioradas, no solo le sirven de sostén, sino que absorben grandes volúmenes de agua del suelo, que de esta forma se seca, saneando napas, pozos negros, y cunetas de las zonas periféricas. Los arboles grandes que vemos en algunos barrios fueron plantados hace mucho tiempo, la mayoría cuando las calles eran de tierra y se utilizaba el clásico zanjón de donde el árbol tomaba agua.No existe una escusa tan poderosa que permita pensar en erradicar alegremente todos los grandes árboles de nuestra ciudad. El daño ambiental será muy fuerte y deberíamos esperar muchos años hasta tener una cobertura verde deseable. La clave es el recambio, que debe ser paulatino y organizado. Así como se puede diseñar la copa de un árbol partiendo de su estructura original y utilizando la primera poda de formación, se puede también trabajar sobre la estructura del sistema radicular para su manejo. Es muy importante que cuando plantemos un árbol nuevo sea de una especie adecuada al ancho de la vereda y que le demos el cuidado que se le debe dar al espacio libre que se deja para el desarrollo de las raíces.
Cuestión culturalUno de los indicadores de nivel de calidad de una ciudad son sus árboles, que como pudimos ver no son meros ornamentos. Plantar, cuidar y proteger el patrimonio arbóreo de nuestra ciudad, no es solo tarea del gobierno municipal. Los arboles de las calles, plazas y paseos son propiedad de todos los vecinos y cada uno de nosotros debe ser principalmente responsable de velar por el árbol que tenemos frente a nuestras casas y en menor medida por todos los arboles de Lanús. Porque solo de esa manera podremos garantizar un media ambiente sostenible y un aire respirable para futuras generaciones.

“SI NO TENES UN ÁRBOL EN LA VEREDA, ESTE ES UN BUEN MOMENTO PARA PLANTAR”.

"Una sociedad se hace grande cuando los ancianos plantan árboles aunque saben que nunca se sentarán a su sombra", Proverbio griego.

domingo, 7 de septiembre de 2014

EL DÍA VERDE

El día verde


por Alejandro Chitrángulo



El pasado viernes se festejó el día del árbol. No sólo en nuestro país, en varios países del mundo también se celebra. La primera conmemoración se realizó en Suecia, en el año 1840 y en cada país puede variar la fecha del homenaje. 
La celebración fue instaurada porque ya en aquella época, en algunos lugares del mundo se empezaba  a tomar conciencia de la importancia que tienen los recursos forestales, el cuidado que se debía brindar a los árboles, y los beneficios ambientales que estos nos brindan En Argentina el principal impulsor de la actividad forestal fue Domingo Sarmiento que en un discurso subrayó: “El cultivo de los árboles, conviene a un país pastoril como el nuestro, porque no solo la arboricultura se une perfectamente a la ganadería, sino que debe considerarse un complemento indispensable. ¡Planten árboles!”. La prédica de Sarmiento encontró eco treinta años después, cuando el 29 de agosto de 1900, el Consejo Nacional de Educación, en base a la iniciativa del Dr. Estanislao Zeballos, instituyó dicha fecha, en celebración al ”Día del Árbol”.
La conciencia arborícola en el siglo 21
Hoy a más de 100 años de la iniciativa de Zeballos, nos encontramos, con gran cantidad de organizaciones ambientalistas pro – árbol, muchísima información ecológica y ambiental en los medios y también se ha convertido en un tema de estudio en la currícula oficial, creando conciencia, a los más jóvenes, desde la escuela primaria.

¿Qué pasa en casa?

Desde hace un tiempo recorriendo nuestra ciudad se puede ver gran cantidad de árboles 
cortados, arrancados de raíz, brutalmente podados, o directamente mochados, que nunca son repuestos o que si logran sobrevivir a las salvajes mutilaciones quedan tan débiles y enfermos que se convierten en árboles peligrosos.
Es posible que a nuestra ciudad le haga falta una ordenanza moderna que regule el cuidado de los árboles públicos. Igualmente las sanciones están previstas por la ley desde hace muchos años y es muy claro que el valor de una multa no le repone a la comunidad los beneficios ecológicos que brinda un árbol que a la naturaleza le llevó muchas decenas de años crear. 
Pero más allá de las políticas públicas, leyes y ordenanzas: ¿Qué nos pasa a los ciudadanos de Lanús que no queremos los árboles de las veredas? ¿Son tan molestos?

Calidad ambiental

Lanús es una ciudad densamente poblada, con casi 500 mil vecinos viviendo en 3.621 manzanas. El medio ambiente se encuentra cargado de factores contaminantes producto de la actividad económica humana. Hay polución fruto de cientos de fábricas, miles de motores quemando combustible fósil y basurales a cielo abierto. Esto hace que el aire que respiramos no sea el más puro. Hasta ahora la primera barrera de defensa que tenemos contra esa contaminación, son los árboles y un buen régimen de vientos que limpian la atmosfera de nuestra llanura. 
La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda entre 10 y 15m² de espacio verde por habitante. Los beneficios producidos en una ciudad gracias a una presencia significativa de espacios verdes son innumerables. Además de los beneficios en relación al bienestar físico, como elementos mitigadores de contaminación y sumideros de C02, la existencia de espacios verdes dan estructura a la ciudad, y amortiguan el impacto producido por niveles excesivamente altos de densidad y edificación, de ahí su gran importancia como elementos clave en la prevención de riesgos naturales y mitigación de los efectos producidos por el cambio climático.
Lanús tiene en su superficie total 48 km² o 48 millones de m², unos 100 m² por habitante (10 x 10 m para cada uno). Si a esta ecuación le restamos toda la superficie construida, más el cemento de calles y veredas, seguramente nos encontraremos muy ajustados para cumplir con las recomendaciones. La falta de lugares libres para construir espacios verdes de esparcimiento es muy difícil de resolver, pero lo bueno es que la falta de áreas verdes en alguna manera se puede suplir con árboles en las veredas.
El arbolado es parte fundamental de la sustentabilidad ambiental de nuestra ciudad y como tal debe ser cuidado y respetado por sus múltiples beneficios. Los arboles de nuestra ciudad reducen la velocidad del viento en un 50%, diluyen  la polución sonora, ya que el follaje detiene en buena  medida las ondas sonoras  (reducen 15 decibeles el sonido, por cada 10m. que se interne en los parques). Un árbol grande pueden consumir hasta 2,350 kg. de bióxido de carbono en una hora. Un árbol adulto puede producir 1.7 kg. de oxígeno molecular en una hora. Se ha establecido que un árbol adulto de tamaño promedio es capaz de filtrar en once horas el monóxido de carbono emitido por un auto en una hora. En verano  nos proveen de un sitio fresco, bajo un árbol, se produce una disminución de temperatura ambiental por las mañanas de hasta de 2°C, y por las tardes hasta de 5°C.  Esto se produce a través de la transpiración de las hojas, que a mayor temperatura, evaporan mayor volumen de agua.  
Las copas de los árboles son flexibles y están diseñadas para atrapar el agua de lluvia, haciendo que descienda lentamente y de esa manera logran que penetre bajo la superficie de forma regulada, haciendo que disminuyan los cursos de agua superficiales (napas) evitando las inundaciones y la erosión del suelo. Pinos y eucaliptos adultos, con sus raíces profundas, absorben mucha agua de las napas profundas pudiendo llegar a unos 300 litros diarios.

Mejoran la Calidad de Vida

Aparte de todos los beneficios mencionados, los árboles de la ciudad también aportan  al equilibrio psico-social del hombre urbano ya que los tonos verdes de las hojas producen tranquilidad a las personas. La mayoría de nosotros respondemos a la presencia de árboles no sólo admirando su belleza. En una arboleda nos sentimos serenos, sosegados, descansados y tranquilos, nos sentimos como en casa. Los pacientes en hospitales han mostrado recuperarse más rápidamente de cirugías cuando desde sus habitaciones se ven árboles. 
El problema de las raíces y las veredas
Las raíces de los árboles a las que les echamos la culpa de las veredas y calles deterioradas, no sólo le sirven de sostén, sino que absorben grandes volúmenes de agua del suelo, que de esta forma se seca, saneando napas, pozos negros, y cunetas de las zonas periféricas. Los arboles grandes que vemos en algunos barrios fueron plantados hace mucho tiempo, la mayoría cuando las calles eran de tierra y se utilizaba el clásico zanjón de donde el árbol tomaba agua.
No existe una excusa tan poderosa que permita pensar en erradicar alegremente todos los grandes árboles de nuestra ciudad. El daño ambiental será muy fuerte y deberíamos esperar muchos años hasta tener una cobertura verde deseable. La clave es el recambio, que debe ser paulatino y organizado. Así como se puede diseñar la copa de un árbol partiendo de su estructura original y utilizando la primera poda de formación, se puede también trabajar sobre la estructura del sistema radicular para su manejo. Es muy importante que cuando plantemos un árbol nuevo sea de una especie adecuada al ancho de la vereda y que le demos el cuidado que se le debe dar al espacio libre que se deja para el desarrollo de las raíces.  

Cuestión cultural

Uno de los indicadores de nivel de calidad de una ciudad son sus árboles, que como pudimos ver no son meros ornamentos. Plantar, cuidar y proteger el patrimonio arbóreo de nuestra ciudad, no es sólo tarea del gobierno municipal. Los árboles de las calles, plazas y paseos son propiedad de todos los vecinos y cada uno de nosotros debe ser principalmente responsable de velar por el árbol que tenemos frente a nuestras casas y en menor medida por todos los árboles de Lanús. Porque solo de esa manera podremos garantizar un media ambiente sostenible y un aire respirable para futuras generaciones. 

Si no tenés un árbol en la vereda, este es un buen momento para plantar.
“Una sociedad se hace grande cuando los ancianos plantan árboles aunque saben que nunca se sentarán a su sombra”, proverbio griego.